Capitulo 6: Confesiones desde la otra vida

¿ Que que cosas se yó sobre él? Uff… miles, vea. Le dirán que soy asesino. Pero mas me duele que me traten de charlatán, de mentiroso. Eso es lo que mas me molesta. Porque se creén que porque uno hace trabajos manuales no entiende nada nada de nada, y muchos de los colegas de Amado se creían que yo estorbaba, o ni si quiera me daban lugar. Amado no, él siempre me escuchaba, se sentía comodo trabajando conmigo aunque no supiera los nombres científicos de todas las especies que el conocía. Pero sabia y sé aun los nombres que le nosotros o los indios les pusieron a las cosas. De puro curioso, nomás, porque pude viajar, porque mi abuela fue indio, y a uno le quedan cosas. Vea cuando no me quedó otra, me instalé en Buenos Aires, no tenía mas de 20 años yo. Acá aprendí el oficio, a tratar a las plantas de otra manera. Después lo conocí a Vicente. Y por Vicente a el. Pulpero, Cuarteador, Mayoral, Lechero.Hasta que volvi a la p....


Me lo contó un día. Lo recuerdo como si fuera hoy. Estaríamos hablando de Lamarck o de la revolución francesa, o de no se que otra cosa. En ese momento él hacía muy poco que había armado su jardin en Buenos Aires. Lo habían invitado, no se si San Martin o Belgrano, Sarratea. Le habían mandado una carta. Le habían dicho que se venga. Que tenía acá en las Provincias Unidas del Sur muchas cosas para descubrir. No le miento, él me lo contó. Me lo contó el mismo aquí mismo. Aquí donde estaba su jardín. El que quería armar un Jardin des Plans como en el que había trabajado en su Francia natal. En su República. Yo lo conocí aquí mismo, vea usted. Me había llegado el comentario, el rumor,el … como se decía entonces, en los años posteriores a la revolución, que un Científico Francés, un erudito, se estaba instalando en Buenos Aires. Que armaría un Jardín, un vivero. Yo, que me encargue muchos años de cuestiones relacionadas a los arbustos, sin haber estudiado nada, no me preguntes porque, no me preguntes, me dieron ganas de conocerlo. Había que verlo, recien bajado del barco, hablando un español cosmopolita, interesado por conocer las costumbres de uno. Humano hasta los tuétanos.

Mucho tiempo después me fui enterando entre otras cosas, que el ya había andado por estas provincias del sur, años atrás, antes de la Revolución.

-No se que tendrá este Francés con nosotros- decía un amigo mío, Vicente, Vicente querido, gracias que vos me dijiste que el venía trabajar por acá.
            Con el tiempo fui entendiendo, y Vicente también, que Amado terminó en Buenos Aires medio por descarte. A ver si me explico, no quiero decir que a el no le gustara Buenos Aires, pero claro, en ese momento, parece ser que se carteaba mucho con Simón Bolivar, desde París. Parece ser que en Colombia tenía todo arreglado para ponerse a trabajar a armar un jardin de estos allá. Pero no pudo. A Colombia llegó. Pero se tuvo que ir rapido, Bolivar mismo, le dijo que se fuera, que estaba todo caldeao. No lo echó, claro. Le sugirió, según me dijo Amado. Y Amado terminó en Buenos Aires. ¿Cómo fue a parar a Buenos Aires y no a Lima?(1) Bueno mi amigo, ese es otro tema, eso, justo eso nunca me lo contó. Que se encarguen los historiadores, yo le cuento lo que me contó él a mi, así mismito como charlo con usted. Y usted se lo contará a otro, y así. Eso no me lo habrá contado. Pero me contó otras cosas, otras cosas.
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(1) Nota del Compilador. Según se creé, el científico francés, abortó toda posibildad de viajar a Colombia a encontrarse con bolivar, dado que por esos años, el ejercito Bolivariano pierde una serie de batallas (1816 aproximadamente), y Bolivar le envía unas cartas con todo el dolor del alma, confesandolé que de concretarse dicho viaje, su vida correría peligro. Que su conocimiento y su humanidad serían necesarias y mas útiles en otras tierras, como Buenos Aires o como Lima, quizas Cuzco. Por cuestiones de amistades Bolivar le recomendaría Buenos Aires.

      Tiempo después en el Museo de ciencias naturales de Londres. Junto al busto de Cuvier, o de Newton el Doctor Manuel Belgrano, convencería a Amado que viaje a Buenos Aires.

II

        No hay razones para creer que Bonpland no sabía lo que hacía. Al menos yo no las tengo. Ahora, con un poco de distancia, y habiendolo conocido bastante más que cualquier Francés o que cualquier historiador del siglo XIX. Me cuesta creer que no supiera en que se metía. El que había vivido la revolución Francesa, que había estado metido en las luchas intestinas de la Igualdad-Libertad-Fraternidad, Que había sufrido los desplantes de los reyes, de los emperadores. El sabía mejor que nadie de que se trata esto del poder, de los territorios. Pero así como sabía esto, sabía (pienso recién ahora, hablando con usted), que se cagaba en eso y que el queria con su ciencia mejorar la calidad de vida de todo ser humano posible. Cueste lo que cueste. Claro esta que esta es una interpretación mía. El era muy reservado en general y si bien hemos dialogado sobre estos tópicos el nunca iba a ser tan implacable. ¿Qué que quiero decir? Vamos, no hace falta que lo diga. El tema es el siguiente. Yo me fui enterando con el tiempo, y hay cosas que recién entiendo hoy, hoy mismo, en esta celda. Ahora que usted con el privilegio que tiene me entrevista, ahora en este calabozo frío de Buenos Aires, listo para el destripe por creerme parte de la mazorca. Tan preso como Amado en Asunción. Y tal vez por los mismos motivos. Ahora ya estoy viejo, ya viví mucho, conocí buena gente, conocí mala gente. Conocí de todo. Me tienen acá porque se mucho. Me dicen que soy unitario, se piensan que soy Masón. Pero a mi no me engrupen. Ellos saben que yo se algo. ¿No será por eso que lo mandan a usted? ¿De qué periódico me dijo que venía? Bueno, vamos a creerle. Hagamos de cuenta que usted es periodista y viene aca porque le dijeron que en este rincón podrido de buenos aires, esta durmiendo el único compañero de trabajo que tuvo Bonpland en Buenos Aires y en Corrientes. El único incondicional. Mire usted, yo no se lo que le habrán dicho. No se si le mintieron o no. Yo fui su asistente una cantidad de años. Y fui el único que sabía bien por que el quería trabajar acá. De su muerte, yo no se nada. Solo se de la mía, va a ser mañana, por la mañana. Si el restaurador se levanta de animo. Pero no soy el único, que dicen que lo matan por una cosa y lo matan por otra, hay un tal Alen que está en la misma. Lo tratan de Mazorquero porque dicen que no se a quien mató en los años del Restaurador. Pero no. Lo degollaron el otro día en la plaza Concepción, a plena luz del día. Yo estuve, fue antes de que me agarraran a mí. Había un chico que dicen que era el hijo. Pobre chico. Yo como no tengo hijos. Ya viví lo vivido. Nadie se acuerda de mi. Ya me da lo mismo. Que me tomen por lo que quieran. Si quieren hacer creer que yo fui un asesino, que se lo crean. Creo que lo único que maté fueron algunas plantas para la colección de Bonpland. Alli estan los cadáveres. Allí tienen la prueba. De la mazorca lo único que sé es que se come y como se cosecha. A mi no me engrupen a mi mañana me deguellan por lo que sé. Por haber trabajado con Bonpland

         La expedición a corrientes la planeamos con tiempo. Don Amado estuvo leyendo las cosas que habia sobre el tema en Buenos Ayres. No era mucho. Cosas de Azara. Mas que nada cosas geográficas, y había recopilado información de las campañas que se habian hecho. Recordaba haber hablado conm Belgrano que le habia dicho que hacia unos años habia estado alli y vió las plantaciones de Yerba mate destruidas. Hubo una reglamentecion que impedia su poda. Nunca se puso en práctica. A la yerba de las misiones se las robaban todos. Tambien trató de buscar información sobre los jesuitas que habían habitado esa region y que la habían dejado durante la expulsión de la orden hacia 1770.  De a poco y por los rumores de la guerra se fue enterando de los nombres de los distintos caudillos que dominaban las distintas regiones del país.  Ni bien llegamos a Corrientes conocimos al capitan Aripe. Francisco Ramirez no estaba. Hacia unos meses había estado pelendo ahí, en la frontera de buenos Aires y Santa Fe, cerquita del terreno fangoso del arroyo del Medio. El capitan Aripe habia sido instruido por órdenes expresas de Ramirez que acompañe a Bonopland en las campañas por los montes y pueblos entrerrianos.
Después de aquella batalla de Cepeda no hubo mas Directores Supremos. Para Ramirez y para Lopez, Buenos-Ayres tenía que tener un gobernador. Lo nombran a Sarratea, Sarratea era amigo de Bonpland. Nadie entendía la República Entrerriana. Nadie entendia a Ramirez. El queria hacer producir la tierra. Tierra que habia tierra que tenia que ser producida. Promocionaba el cultivo.  En las entrevistas con Ramirez, le vislumbramos la posibilidad de hacer expediciones y crear un Museo Provincial, y le da nos da tierras para que cultive y produzca yerba mate. Cuando en 1821 lo nombran a amado Profesor. Ramirez enia una carta manifestando que lo doran ahora que ya lo hicieron de barro.  Cuando muere Reamirez, Bonpland le escribe una carta a Lopez Jordan donde meciona que deplora la muerte de Ramirez. Le comenta que tiene muchos problemas para visitar a su familia en Buenos Aires.
          Se hizo un rancho en Santa Ana y llevaba plantines de mate que se les morian. Cerca de alli había una plantación que nadie utilizba. Los indios le decian que por miedo a los paraguayos. Se contacta con el dictador por medio de un comerciante Isasi. El Dictador que no le gustaban los franceses, bajo la excusa de que esos yerbatales eran paraguayos mando a apresar al Frances. “El Sr Bonpland ha formado un establecimiento para formar la yerba del paraguay con los indios, que después del pasaje de Artigas quedarin en las misiones destruidas de Entre-Rios..". El resto de lo que pasó, lo sabemos todos, y no queremos saber mas de eso. Volvamos a Buenos-Ayres y ni pensemos en Asunción del Paraguay.


Casi 3 años lo albergó Buenos-Ayres entonces, desde febrero de 1817 hasta septiembre del 20. El verano del 17 fue confuso. Polvoriento. Expectante. El invierno lo invadiò la pesadez de la soledad que la ocultò en su jardìn de la calle concepciòn. La primavera de ese año fue un regocijo por los viajes que pudo hacer. En el Verano del 18 y el invierno lo fueron preparando para sus cargos. El Verano del 19, los viajes por el delta, lo sumergirìan en una extraña pesadilla obsesiva. No pararìa hasta que en el Verano del 20, hubiera arreglado todo para irse. Cuatro veranos pasaron antes de que el invierno del 20 lo hallara naufrago de sus sueños. Embarcarse en el rìo enorme, arriba, para llegar a esas tierras que son fantasmagòricas pero que puede imaginarse durante las noches al recorrer con su vista las lecturas de Azara. Entremezclar los viajes al delta del Paraná con las descripciones selváticas de Azara fue tornandosé casi una aventura en si misma.

La imagen que tuvo de esos ríos y arroyos, cuando a bordo de la "Bombardera" imaginaba lo que le diría a Ramirez, coincidía plenamente con lo que se había mentalizado que encontraría.
         El verano del 20, lo encontró recolectando palmeras y bambùes. Pasado el verano luego se dirige a Caa Catì y por Nicolás Aripi, llega a la Candelaria, frente a Itapuà. El verano de 1821 no lo pasarìa en el cerrito. Ese ùltimo invierno de 1821, un diciembre lo encontrò preso en otro paìs, que sería por años su paìs. Pero otra Muerte ese invierno le llegarìa a Amado; ya  de otra manera, los 4 veranos en Buenos Aires y el Verano en Corrientes, todo como una gran cosa, habìan culminado.  Quizas como un intento fallido de sentirse un jesuita anacrónico. Amado se dirigió a los lugares que habían sido suyos en vidas anteriores. cincuenta años despues del apogeo civilizatorio y humanistico de los Jesuitas. Llegaba un jesuita desterrado a buscar a sus ancestros espirituales. En esos años rememora su escrito “Noticias dadas por Amado Bonpland sobre las misiones jesuitas del Paraguay”, yo me lo encontré años mas tarde hurgando en bibliotecas ajenas.