Años después me enteraría la historia, Me la contaría Bonpland, sereno, manteniendo la celeridad, pero con un a lagrima cercana al espanto. A él le habían contando los decapitamientos en la guillotinade la revolucion francesa. En realidad los había sentido, desde la lejanía. cuando tenía dieciseis. Pero esto era distinto. Años despues cuando en su solitaria furia indemne hablara sobre Rosas, yo comenzaría a comprender que todo su odio, no manifiesto, había comenzado en los primeros años de la decada del veinte.
La noche que Amado recibió la carta de la muerte de Pancho. Se mantuvo en silencio un rato largo, eterno. Este fue Rosas, pensó. Lo olía. Lo odiaba casi sin conocerlo. Había escuchado lo suficiente como para intuirlo.
La noche que Amado recibió la carta de la muerte de Pancho. Se mantuvo en silencio un rato largo, eterno. Este fue Rosas, pensó. Lo olía. Lo odiaba casi sin conocerlo. Había escuchado lo suficiente como para intuirlo.
