Capítulo 3 : La tierra sin mal

Años después me enteraría la historia, Me la contaría Bonpland, sereno, manteniendo la celeridad, pero con un a lagrima cercana al espanto. A él le habían contando los decapitamientos en la guillotinade la revolucion francesa. En realidad los había sentido, desde la lejanía. cuando tenía dieciseis. Pero esto era distinto. Años despues cuando en su solitaria furia indemne hablara sobre Rosas, yo comenzaría a comprender que todo su odio, no manifiesto, había comenzado en los primeros años de la decada del veinte.


La noche que Amado recibió la carta de la muerte de Pancho. Se mantuvo en silencio un rato largo, eterno. Este fue Rosas, pensó. Lo olía. Lo odiaba casi sin conocerlo. Había escuchado lo suficiente como para intuirlo.

Capítulo 4

Recorro un poco los anaqueles de la gran biblioteca. Las sombras de la Historia Natural en el Rio de la Plata, tienen varias luces, varios focos. Me sorprende el desarrollo que ha tenido esa ciencia en nuestra tierra, quizas la que mas haya sido revisada y estudiada en ese período extraño del milochocientos. Reconozco a los clérigos, que vivian en Buenos Aires, aficionados ellos. Uno de ellos, el mas renombado, que pasaría a la historia, Larrañaga. Pero a esos pasos le siguen los pasos de gentes que vienen de mares lejanos y que hablando lenguas diversas comprendieron las riquezas que estas tierras tuvieron y que tal vez aún tienen. Estamos hablando de los viajeros, de aquellos naturalistas que entrado el siglo dieciocho, ya sea mor misiones diplomáticas del país de origen o por acuerdo con la región de destino, llegaban a estas tierras sin mas conocimiento de ellas que lo que algún texto les puediera haber informado. De ese grupo, que fue llegando en distintos momentos y que fue dejando una secuela de escuelas de pensar la naturaleza en estas tierras, el primero que llega a una tierra libertada, es Bonpland. Azara, Haenke habían llegado antes con objetivos distintos, casi desconocidos, jóvenes. Y fue en estas tierras que ganaron prestigio. Como sabemos, Azara volvió a Europa. Haenke, falleció en el Norte, creemos que en Chuquisaca. Y Bonpland, bueno, esa esa otra historia. A diferencia de sus predecesores viajeros, Bonpland llega con un enorme prestigio a estas tierras del Río de la Plata. El enorme prestigio se lo daría su basta experiencia en el conocimiento de la región debido al viaje que hubiera hecho junto con Humbolt hsta 1805, recorriendo casi todas las Américas.
De alguna manera u otra cuando empecé a recorrer su historia sin tener la astucia de haber leìdo sus cartas; comprendì que Bonpland, no solo tenía una continuidad con Haenke, sino que tambièn tenìa una continuidad con Azara. Desde el comienzo sospeché que lo habìa leìdo. Revisando años mas tarde unos textos. Me di cuenta que era innegable. Azara no fue solo el gran descriptor de cuadrepedos del Paraguay, sin que fue el nexo escondido por la historia entre los hallazgos de los Misioneros Jesuitas y Amado.

Capítulo 5 : de puño y letra


Diario Personal de Amado Bonpland.


Este diario rememora de forma introspectiva, los sucesos vividos por Amado entre los años 1816 y 1821. Narra los recuerdos de sus días en Buenos Ayres, cuando todavía estaban frescos. Recuerda con anhelo los días de su viaje previo por las Américas junto con Alexander Von Humbolt. Y detalla algunos aspectos de su vida en Santa Ana.

Se cree que fue escrito durante su estadía bajo la custodia del Doctor Gaspar Rodriguez de Francia. Seguramente fue escrito junto con las cartas que día a dia escribía y enviaba. Sin embargo, este diario quedó archivado durante años en el Archivo del Doctor. Algunas fuentes históricas mencionaban su existencia, sin embargo se creyó perdido bajo las llamas.

Recientemente, fue hallado como parte de un archivo personal en La Rochelle. Seguramente, Amado lo envió para que sea conservado.

El diario tiene la particularidad de estar escrito en tercera persona, la primera persona esta utilizada como un alter ego.

Esta edición recopila las fojas encontradas y añade algunos detalles históricos de conocimiento posterior.



Yo no se por que lo hizo. A veces pienso que estaba fuera de sus cabales. En otras ocasiones, llego a la conclusión de que es lo único que él podría haber hecho.¡Qué habria de hacer? Quedarse en su Europa natal aburrido de las cátedras. No. Sin duda que no.

Capitulo 6: Confesiones desde la otra vida

¿ Que que cosas se yó sobre él? Uff… miles, vea. Le dirán que soy asesino. Pero mas me duele que me traten de charlatán, de mentiroso. Eso es lo que mas me molesta. Porque se creén que porque uno hace trabajos manuales no entiende nada nada de nada, y muchos de los colegas de Amado se creían que yo estorbaba, o ni si quiera me daban lugar. Amado no, él siempre me escuchaba, se sentía comodo trabajando conmigo aunque no supiera los nombres científicos de todas las especies que el conocía. Pero sabia y sé aun los nombres que le nosotros o los indios les pusieron a las cosas. De puro curioso, nomás, porque pude viajar, porque mi abuela fue indio, y a uno le quedan cosas. Vea cuando no me quedó otra, me instalé en Buenos Aires, no tenía mas de 20 años yo. Acá aprendí el oficio, a tratar a las plantas de otra manera. Después lo conocí a Vicente. Y por Vicente a el. Pulpero, Cuarteador, Mayoral, Lechero.Hasta que volvi a la p....

Capítulo 7

Hojeo este libro que llega a mis manos , la firma manuscrita mamarracheada, la dedicatoria, arroja el año 1838. El libro, de tapas marmoladas y de cuidada edici{on, impreso en Londres, fue editado, en 1825.Alexander Caldcleugh tal vez lo escribira, pluma en mano, mojando la tinta a cada frase, pensando lo que ocurría unos cuatro o cinco años antes al otro lado del atlántico. En el sur de America, en suramerica, con los uramericanos, con los americanos del sur. Que pasaría en esa tierra, cuatro o cinco años atrás, pensaría Caldeugu cada vez que desde su escritorio de fino roble francés, se ponía a pensar en la revolución que se estuvo dando allá lejos. Y la verdad es que no me imagino que se imaginaría el escritor, apostado en su escritorio escribiendo escrituras con plumas, leyendo a las plumas de los que pudieron viajar y volvieron para