De hecho, es el trabajo lo que lo preocupaba a Amado. Años mas tarde, en la soledad de Santa Ana, iría recordando lo que pasaba por su mente aquellos primeros años en Buenos Ayres. Iría hilando, dando puntadas, contandosé a si mismo la historia para entenderla. Y se habrá preguntado varias veces si fue engañado. Todas las veces que pudo se habrá contestado que no. Que no fue engañado o que al menos no fue engañodo concientemente. Era el destino el que lo habia puesto donde estaba y no había mejor lugar para estar.