Algún paisano en una fonda le contó al oído la historia honda, de aquel pedazo de tierra rodeado de anchos ríos. Aquella isla secreta, que como Santa Helena, hubiera sido usada como carcel por los españoles en el siglo dieciocho, y luego sería fortificación militar en el Virreinato (tan solo 40 años antes), era hoy otra cosa. Según le contaban, luego del Mayo, casi cuatro años despues, el Almirante Guillermo Brown había desembarcado allí con su flota, y a partir de entonces se trataba de un territorio mas de las provincias unidas del río de la Plata. Pero el atractivo es que Amado pareció haber leído algunas notas acerca de la Isla en las descripciones de Azara. Amante de las historias antiguas Amado intentó hurgar que habría pasado tres siglos antes en ese terreno. Lo convencieron de que el nombre debe su origen a un despensero de la expedición de los tiempos de Solís, que falleció en la isla luego de las expediciones. Martín García sea tal vez el primer hombre Europeo que muere en esas tierras separadas de toda tierra en el medio de una tierra de mares.
Azara que en 178? había sido traído con el objeto de participar en la cartografía de la zona en litigio entre los territorios españoles y que sería una de las fuentes de inspiración de Amado para recorrer esas zonas, no había desembardo en ella. En esos tiempos aún estarían las fortificaciones militares recien estrenadas que el Virreinato creía estratégicas para defender el territorio español. Si bien para Azar resultaría una zona interesante en cuanto a la historia natural, no lo era en el marco de la expedición, Ya que la cartografía de esa zona era ampliamente conocida. Sin embargo en sus textos existirían escuetas descripciones sobre ella.
La isla Martín García está rodeada de otras islas, como la Solís, que tienen similar vegetación pero que por ser pequeña, no reviste mayor interés militar.
Todas esas islas son granito puro, piedra dura si-las-hay. Para el adoquinado de Buenos Aires luego del gobierno de Rivadavia y sobre todo en la época de Rosas, en parte sería usado el granito que de la Isla.
Sombras de Martín García
I
Aquel día, extrañamente la plaza estaba desierta. Usualmente la recorrían marineros borrachos, que recién desembarcados de altamar se marean con la tierra firme. Los marineron hablaban distintas lenguas, muchos de ellos franceses o españoles. Estaban de paso, se quedarían unos días hasta que los barcos que esperban alla lejos pasando el muelle de piedra no tuvieran mas destino que marcharse hacia sus destinos próximos. Eran años de mucho comercio aquellos y el mar entraba a la ciudad en forma de hombres hambrientos y sedientos de calmar su sexo. Es común cruzarse con ellos y que pregunten algo sobre la ciudad o que vociferen con carraspera en su voz. Es común verlos a algunos de ellos comprando carne en el mercado o evitando el sol del verano en bajo la recova. Podría haber sido cualquiera de esos días, uno sale a recorrer las calles en busqueda de aquellos persojes y vecinos que uno conoce o tal vez se arroja a caminatas entre las calles barrosas que unen la plaza San Francisco con la Torre. Las casas bajas del barrio San Francisco, al ir pasando las cuadras, se van haciendo mas grandes. La plaza mayor, cirucundada por los edificios que segun me cuentan por ma de cincuenta años vistieron esta ciudad, es un reparo, un claro, un descampado en el cual uno puede sentarse en los poyitos de piedra y contemplar el diverso movimiento de las gentes que iban y venían, se metian en la recova, o caminaban desde la rada hasta lo de los Alzaga en búsqueda de alojamiento por una noche. Muchos de ellos no conocen la ciudad. Están allí por unos días y les han dicho que se dirijan a esa casa para buscar alojamiento.
Muchas veces me han preguntado, mientras he estado sentado en la plaza con algún libro en la mano. adonde podían alojarse. Lo habitual era sugerirles que se alojen allí, aunque a veces se completa y no queda lugar. Entonces muchas veces se suele alojar a algunos recien llegados en casas. Alguna vez he alojado a algún extraño que pasaría una noche en la ciudad y se volvería a francia al día siguiente. Pero ese día, ese extraño día la ciudad estaba vacía. No habían llegado barcos, se habían ido todos. En el bajo nadie caminaba. La gente del campo no venía a la ciudad. El cabildo estaba cerrado. Aproveché, para descansar en casa, revisando viejas cartas y leyendo las nuevas.
II
Aquella tarde era tranquila. Unos días atrás habían llegado la residencia de los Bonpland unos ejemplares que Kunth le había enviado a Aimé. La nota decía Monsieour Aimè, je..
Amado la leyó en voz alta en un frances que le recordaba sus tiempos en los que le leía poemas a Adeline. Adeline, sentada frente al hogar de leña tomó la caldera con fuerza y se disponía a llenar la vasija con agua tibia.
-Te escucho- le dijo en francés.
Amado prosiguió. Se trataban de buenas noticias. Extrañas vistas a la distancia, pensaría un biografo tiempo después. Pero muy buenas en ese momento en el que Adeline no se encontraba bien de ánimos. La lectura, científica, técnica y hasta burocrática de la carta de Kunth, resultaba sobrecogedora. Un volumen de sus libros se había terminado de publicar en Berlin. Se trataba de los Viajes Equinoxiales. El vapor salía de la vasija que Adeline tomaba con sus manos para preparar unos mates calientes.
- Un libro es como una planta- reflexiona Amado. Todos los dias un poco de riego, decir las palabras adecuadas y encontrar la manera de que el cultivo florezca.
Aquellos años conocí varios paisanos des lo que nunca supe mas nada luego. No hay cartas que lo tenstimonien, porque tal y como ocurre en las payadas, en los contrapuntos, los díalogos con esos personajes, que hoy son solo nombres en un libro, me enriquecieron enormemente.
Esa tarde en la Aduana, tuve que ir a buscar unas plantas que me había mandado mi amigo Kunth. Fue ese día que concía a Bartolomé, trabajaba desda hace unos años ahi, y lo había visto, seguramente varias veces, he viajado hasta la aduana varias veces este año, y el anterior, y todos los que estuve en esa cidudad majestusa. Nunca me hubiera imagiando que el era Bartolomé. Lo reconozco ahora, atando cabos desatados. He leído algunos de sus versos en la tranquilidad de la selva, para entender un poco mas a la distancia la cultura de las pampas, una vez que me aleje de ellas, las veo brotar. No lo apreciaba entnoces, no lo conocía.
Intercambiaba saludos amables y despachaba mis trastos. Seguramente ese día del 17 que lo vi a Sarratea y que traje mis libros, lo habré visto, porque el ya trabajaba en la aduana hace casi dos años, segun refieren los historiadores. La última vez que lo pude ver fue alli mismo cerca del puerto, cuando me embarcaba yo para esta region de Corrientes, para nunca mas volver. Se dice que murió de tuberculosois en Morón, en el 22. Esas tardes, en contrapunto con Don Bartolomé Hidalgo, me convencí de que podía viajar por aquellas islas algún día, y ese día estaba llegando.
Los viajes al delta del Paraná, de los que todos hablan, se dieron por la necesidad de Amado de salir a conocer los alrededores de la ciudad. Fue por esos días que viajó a la isla Martin García, motivado tal vez por las lecturas de Azara, o tal vez por la curiosidad de observar qué hierbas podría hallar en ese sitio, alejado de la tierra. Los viajes al Paraná serían en la mente de Amado, conocer en vida los territorios que Azara describía.
Mucho después, terminado el verano del 21, ya instalado en Cerrito, una carta lo sorprende por abril, y recordaría esos viajes. Recordaria también que ha escrito tanta inutil cosa y que esos diarios nunca los llevó consigo a Candelaria. En esa carta que lee con extrañeza y entrevero, le informan que ha fallecido Agustín Fabre. El mismo que tuviera los ejemplares de Botánica Española que Amado revisara por recomendación de Vicente Lopez y Planes. La carta se la envía Martin Rodriguez. Pero eso no terminaba allí, porque a rey muerto, rey puesto. Lo nombran de prepo a Bonpland, Profesor de Materia Médica, en el profesorado Militar.
Dilema. Otro dilema. Si bien le interesaba el título de Profesor en Buenos Aires y no querría rechazar la posibilidad que el señor Rodriguez le daba ya había hecho un pacto casi inamovible con Francisco Ramirez. Ya en la Candelaria, bajo la protección de Ramirez, Amado decide quedarse allí. Lo que sucedería luego ya todos lo sabemos. Doce días en un recuerdo perpetuo. La mayoría de las veces que trato de que los recuerdos me lleven allí, no lo hacen. La cabalgata de las tantas leguas por el monte me abrigaron en un silencio y casi sin respirar, era yo un niño que con Michel jugabamos a los juegos que se jugaban en ese continente en esa época.
III
En silencio. Amado se quedó en silencio, raro paisano, raro que se quede en silencio. Recuerdo como si fuera hoy. Esa mañana todo había sido raro. Esa mañana amado había llegado temprano al jardín de la plaza concepción. Estaba ofuscado, como decirle. Como en su mundo. Esa semana el había estado trabajando mucho con una plantita de naranja. A decir verdad, no le miento. Se había traido semillas a montón de allá. Setrajo parte del herbario que había juntado por canarias, por cuba, por que se yo que lugares. El siempre me contaba, pero fueron muchos lugares. Imaginesé casi cinco años explorando y conociendo America.
Adeline esperaba sentada. El silencio se metía en los huesos. Se paraba, hablaba con la criada. Creía que Amado llegaba. Se sentaba al piano. Tejía. No podía más. Se aburría. Prefería esperar en otro lado. Pero no, tenía que esperara en esa casa. Linda si, igualita a las que había en París. No era eso, no se trata de eso, le diría mas tarde a Amado. En Buenos Aires me aburro. Le diría. No conozco gente, no me divierto. No se que hacer. Él me lo dijo. Me lo decía en el jardin en buenos aires. Me lo dijo en Santa Ana. Adeline se aburría. Mantenía cartas con su familia en Paris, y en la Rochelle. Extrañaba sus pagos. Y Bonpland también, pasa que el… bue´ uste´ sabe. Él estaba con el bicherio, juntando pastos. Se entrenía, no se daba cuenta y se iba metiendo en nuestra naturaleza y en nuestra cultura.
Ese día, en ese marzo de 1818, el primer Profesor de Historia Natural de las Provincias Unidas del Sur, llegó muy tarde a la cita que tenía con su esposa, en su casa cerquita de la Plaza de la Victoria. Al llegar, ella amablemente, lo levantó en peso. El le contó que el día de mañana saldría a navegar por el Delta, a la Isla…..Martin Garcia.
Discutieron. Adeline le dijo que iba con él. El no quería, dijo que podía ser peligroso. Ella le contestó que lo que era peligroso para el, era para ella. Y que si, se quedaba un dia mas en esa casa sin poder salir, se volvía a Francia con su Phillip.
-Me vuelvo a París con Phillip!- amenazó
Se dice que pelearon. Que bah. Si Amado no peleaba con Adelina. Al otro día, un cochero nos llevó al puerto, embarcamos en un navío, llevamos cosas como para quedarnos unos días.
Aquella isla fue para Amado, un paraíso. A poco tiempo de navegación de aquella urbe en pleno crecimiento. Encontraría bichos que lo fascinarian. Escribiría varias páginas, recolectaria diversos ejemplares, muchos los mandaria a Francia otros se los quedaria en el Museo. La Isla le llamo la atención, toda. Lo sorpendio la diversidad de especies. Se preguntó quienes habitaban ahí. Josefina se quejaba de los Jejenes. Era, era como si volviera a explorar. Las expediciones que habíamos hecho en Buenos Aires, no eran lo mismo. Ahora el se sentia de vuelta como cuando andaba con humbolt en Cuba, en los llanos, en Colombia. Observaba todo con sus ojos profundos, metódicos, Anotaba dibujaba, miraba el paisaje, el capitan del navio, Gonzalez, nos explicaba. Yo nunca habia estado ahí. Estaba cerca, uno pasa cerca si se mete mar adentro. Pero yo nunca habia estado ahí. Ademas desde la guerra la isl,a habia tenido mala fama. Siempre blanco de refugiados. Si, lo dice usted bien. Rivadavia lo tenia claro. El queria que un naturalista visitara la isla. Quien mejor que amado.
Llegamos al mediodia. Nos recibio una gaviota planeando cerca de la costa. Habia peces de rio, habria dorados pregunto Amado. Alguien le habria hablado de el dorado.Gonzalez dijo que no. Que a esa altura del río y en esa epoca del año, no. Esa gaviotas estarían pescando algo mas chico. Me acuerdo que caminamos todo el dia. Roguin, estaba entusiasmado.Es como si amado lo hubiera presentido. El sabia quealgo especial encontraría. La isla ofrecía muchas cosas que Bonpland no habia visto nunca. Un arbusto chiquito le llamo la atención. En el medio de un pastizal de cortaderas, no muy lejos de una de las costas. Se le apareció un arbusto que recordaría tiempo mas tarde en Santa Ana. Se llevo unas ojas. Y le preguntó a gonzalez si sabía que era . Gonzalez no sabía.
IV
No se que le habrá llamado la atención. Pero que se quedó pensando, se quedo pensando. Me dijo que no había visto en los alrededores de Buenos Aires otra aquifolacea como esa. Que le resultaba extraño que si era una planta propia de la isla y no de Buenos Aires, hubiera sólo pocos ejemplares en la isla. ¿la habran traido los prájaros? ¿Quien la habrá sembrado?
Dias mas tarde, con el ejemplar en la mano, y consultando mejor. Amado llegó a la conclusión de que esa planta no crecia en buenos Aires sino en zonas mas tropicales y que seguramente alguien la habia plantado ahí.
Tiempo después, hablando con unos portugueses de rio de Janeiro se le ocurrió describir la planta. Quizas sospechaba que siendo de un clima tropical ellos la habian visto. Ellos les dijeron que en el sur de brasil, esa planta crecia como pasto. Y mencionaron las misiones de Sao Borja y San Miguel.
Ahí empezo todo. No se que le vio a la planta. En realidad si. Roguin sabia bien de lo que había al norte. Su comañero de viaje y compatrota sabia bien que en las abandonadas misiones jesuiticas del norte, había yerba mate. ¿Cómo lo sabia? No se!! Roguin era un personaje sumamente curioso. Hablaba con todo el mundo.
La idea de un comercio propio en vez de quedarse en Buenos Ayres.Le gustaba más. El era un hombre de campo, verá.
Cuando estuvimos allá, el solito con Roguin y unos guaranies organizaron la plantación.
Cuando salió se hizo amigo de Urquiza y de Ferré el gobernador de corrientes. El nunca olvidó a Adelina, pero cuando conocio a María se deslumbró. Fue cerca de San Ignacio Guazu, la conocía en las expediciones charlando con los guaranis. Ella era Hija de un cacique, paye de la familia de los Paña. Los dos hijos de Maria y Don Amado, fueron Maria y Amado. Después que Amado deja el paraguay y se va a Sao Borja, Maria vuelve a la region del Yute. Este informante no tiene información de la descendencia, se perdió en la guerra. (Los separo Francia). Dicen que su hijo Amado lo trato de buscar en Sao Borja. En corrientes conoció a Victorina crisaldo. Correntina, Tuivieron hijos y viajaron, hasta que abandonaron Santa Ana.
VI
Dias mas tarde, otro encuentro ocurriría...
-Venga tengo alguien para presentarle, dijo el hombre de barba larga.
Al instante se apareció con un señor de unos treinta y pico de años, con cara bonachona.
Monsieur, dijo el. Se presentó de manera cordial, y sin perder el tono amable en ningun momento, se excusó para retirarse. Días mas tarde, en la casa de los Anchorena, en una tertulia de viernes comprendí que se trataba de un personaje particular, irrepetible.
En la ciudad todos sabían de todos. Sobre todo, aquellos sucesos que acontecen en el seno de las familias aristocráticas porteñas. Se sabía que el Doctor Manuel Belgrano había traído a un Medico y Naturalista europeo, todos lo sabíamos. Lo que no sabíamos es de quien se trataba.
- Escuché por ahí que se trata de uno de los séquitos del emperador, de mismísimo Bonaparte. ¿Sabe algo usted de eso Doctor?
- Sólo me consta que trabajó en los jardines de Josefina. Pero desconozco que relación tuvo con Bonaparte.
-¿No será un infiltrado o un agente no?.
-Pero como se le ocurre, el Señor en cuestión es un hombre de ciencia, un naturalista nato. Conoce mas las Américas que cualquiera de nosotros juntos. No me haga enojar.
- Preguntaba nomás, nunca se sabe. Y digame, se sabe a que viene.
- Se le ha encomendado la instalación de un museo de botánica en Buenos Ayres. Tambien se espera que pueda ser profesor.
Como usted sabe muy bien, no son muchos los científicos que quieran asentarse en una ciudad como esta. Además usted sabe muy bien que Bernardino apuesta a la creación de un museo de ciencias. Si algo nos enseño Manuel es que necesitamos más profesores que enseñen ciencias en esta república.